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Full text of "Las varas de la justicia : zarzuela cómica en un acto, original y en verso"

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EL  TEATRO 

COLECCIÓN  DE  OBRAS  DRAMÁTICAS  Y  LÍRICAS 


Las  ps  de  la  juslioia 


ZARZUELA  COMICA  EN  UN  ACTO 


ORIGINAL  Y  EN  VERSO  DE 


mm  v 


IUSICA   DEL  IUAESTRO 


MANUEL  NIETO 


MADRID 
FLORENCIO  FISCOWIOH,  EDITOK 

/'Sucesor  de  Hijos  de  A.  Gullónj 
REZ,  40. —  OFICINAS:  POZAS. — 2—2.° 

1893 
3  /) 


LAS  VARAS  DE  LA  JUSTICIA 


Esta  obra  es  propiedad  de  sus  autor.es,  y  nadie  podrá, 
sin  su  permiso,  reimprimirla  ni  representarla  en  Es- 
pana  y  sus  posesiones  de  Ultramar,  ni  en  los  países 
con  los  cuales,  haya  celebrados  ó  se  celebren  en  adelan- 
te contratos  internacionales  de  propiedad  literaria. 

Los  autores  se  reservan  el  aerecho  de  traducción  y 
el  de  conceder  ó  negar  el  permiso  de  representación. 

Los  comisionados  de  la  Galería  lírico-dramática  titu- 
lada EL  TEATRO,  de  D.  Florencio  Fiscowich,  son  los 
exclusivamente  encargados  del  cobro  de  los  derechos 
de  propiedad. 

Queda  hecho  el  depósito  que  marca  la  ley, 


LAS  VARAS  DE  LA  JUSTICIA 


ZARZUELA  CÓMICA  EN  UN  ACTO 


ORIGINA  L  Y  EN  VERSO  DE 


GUILLERMO  PERRÍN  y  MIGUEL  DE  PALACIOS 


MUSICA  DEL  MAESTRO 


MANUEL  NIETO 


Estrenada  con  extraordinario  éxito  en  el  TEATRO  ESLAVA  la  noche 
del  4.o  de  Abril  de  1893 


MADRID 
R.  VELASCO,  IMPRESOR ,  RUBIO,  20 

1893 


REPARTO 


PERSONAJES 


ACTORES 


ISABEL   Seta.  Abana. 

EL  PRÍNCIPE  FEDERICO  (1).  Sea.  Romeeo. 

MARGARITA   González  (Nieves). 

VON-BRUN   Se.  Castilla. 

ALBERTO   Siglee. 

MAESE  PEDRO  '  Gaecía  Valeeo. 

LUCIANO   Caeeión. 

EL  BURGOMAESTRE   La  Riva. 

Coro  general 


La  acción  en  Alemania,  Principado  de  Cretimbac/i 
Siglo  XVIII 


(1)  En  las  compañías  de  los  teatros  de  provincias  donde  no  haya 
dos  tiples,  puede  sustituirse  este  papel  por  el  tenor. 


ACTO  UNICO 


Oran  sala  baja  en  una  hostería.  Al  fondo  y  á  la  izquierda,  puerta 
practicable  que  se  supone  dá  acceso  á  un  cuarto.  (Por  dere- 
cha é  izquierda,  entiéndase  la  del  actor.)  Al  fondo  y  á  la  dere- 
cha, gran  puerta  practicable  con  forillo,  en  el  cual  se  verá  esca- 
lera pintada  que  se  supone  conduce  á  habitaciones  superiores. 
Arriba,  en  la  decoración  del  fondo,  galería  imitada  y  todo  lo  que 
dé  carácter  á  la  decoración.  Laterales  derecha.  Dos  puertas  prac- 
ticables, primero  y  segundo  término.  Todo  el  lado  izquierdo  es- 
tará ocupado  por  nn  gran  arco  de  entrada  algo  escorzado,  desde 
la  embocadura  al  fondo  y  por  cuya  luz  del  arco  se  verá  algo  de 
calle.  En  el  punto  medio  de  este  arco  de  entrada,  pende  un  farol 
grande  que  ilumina  la  escena. 


ESCENA  PRIMERA 

ISABEL,  LUCIANO,  MARGARITA,  MAESE  PEDRO,  ALDEANOS  y 
ALDEANAS,  CORO  general,  todos  bebiendo  alrededor  de  una  mesu 
con  servicio  de  vasos,  jarras,  etc. 

Música 

€oro         ¡Vivan  los  novios!  Siga  la  fiesta. 

Bebamos  todos  sin  descansar; 
llenad  las  copas  y  que  rebosen 
del  rico  vino  que  fuerza  dá 
Maese  No  estés  de  ese  modo,  (a  Isabel.) 

¿Qué  tienes,  mujer? 
Mañana  Luciano 
tu  esposo  ha  de  ser. 


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—  6  — 


Luc.  Isabel  querida,  (a  Isabel.) 

¿Por  qué  estás  así? 

mañana  tu  esposo 

te  hará  muy  feliz. 
Isab  .  Ya  lo  sé,  ya  lo  sé; 

que  estoy  muy  contenta 

bien  claro  Se  Vé.  (Tratando  de  alegrarse.) 

Siga  la  tiesta,  bebamos  más, 
del  rico  vino  que  fuerza  dá. 
Coro         Llenad  las  copas  y  que  rebosen 
del  rico  vino  que  fuerza  dá. 
¡Vivan  los  novios!  etc. 

MARG.         (A  Isabel.) 

Enjuga  ese  llanto  que  no  es  regular, 
que  llore  una  niña  que  se  va  á  casar. 
Isab.         A  un  ser  adoro  que  no  es  el  hombre 
con  quien  la  suerte  me  quiere  unir; 
bien  claro  dice  mi  amarga  pena 
que  con  Luciano  seré  infeliz. 

LUC.  (Al  Coro.) 

Mancebo  que  es  tan  rico, 

tan  noble  y  tan  galán, 

será  sin  duda  alguna 

feliz  con  su  mitad. 
Hombres    Es  natural,  es  natural, 

serás  feliz,  no  hay  que  dudar. 
Mujeres     Serás  feliz,  sin  duda  alguna, 

más  gran  cuidado  has  de  tener, 

porque  peligran  de  veras  los  maridos 

cuando  es  muy  guapa  la  mujer. 


Luc.  Eso  no  me  asusta,  nada  hay  que  temer, 

porque  si  ella  es  guapa  yo  lo  soy  también.. 
Mujeres     Eres  muy  modesto. 
Luc.  Esa  es  la  verdad. 

Mujeres  *  Se  murió  su  abuela  muchos  años  há. 
Todos  ¡Já,  já,  já,  já!  (Ríen.) 

Maese  Echanos  un  brindis 

Luc.  Yo  no  sé  brindar. 

Coro  Entonces  la  novia 

lo  tiene  que  echar. 
Isab  ¡No  puedo,  amigos  mios! 

Mujeres  Anímate,  Isabel. 

Isab.  Quisiera  daros  gu^to, 

má3  qué  decir  no  sé. 


Marg.  La  picara  aflicción  (a  Isabel.) 

forzoso  es  desechar. 
Isab.  Tenéis  mucha  razón...  (a  Margarita.) 

Amigos...  á  brindar,  (a  todos:  animándose.) 
Coro  ¡Atención...  atención!... 

Que  Isabel  va  á  brindar. 
Isab.  El  vino  enciende  el  pecho 

con  loco  frenesí, 

y  aviva  en  nuestras  almas 

el  ánsia  de  vivir. 

¡Ahoguemos  en  su  espuma 

la  pena  y  el  dolor, 

y  reine  por  do  quíer 

la  dicha  y  el  amor!... 
Coro  El  vino,  etc. 

Chocad,  chocad,  chocad. 

Reid,  cantad... 
Todos  ¡Las  penas  y  los  duelos 

ahoguemos  en  licor, 

y  reine  por  do  quier 

la  dicha  y  el  amor! 


ESCENA  II 

DICHOS  y  el  BURGOMAESTRE  por  el  arco  de  entrada 

Hablado 

Burg.        ¡Silencio!  ¡Basta!  ¡Chitón! 

¡Al  que  me  chiste  lo  cuelgo! 
Maese       ¡El  Burgomaestre! 
Burg.  A  ver. 

¿En  dónde  está  Maese  Pedro? 
Maese       Aquí  estoy. 
Burg.  ¿Qué  significa 

este  barullo  tremendo? 
Marg.        Que  no  hay  en  toda  Alemania 

un  padre  y  un  posadero 

más  feliz. 

Burg.  ¿Pues  qué  sucede? 

Maese       ¡El  más  dichoso  suceso!... 

Pues  que  se  casa  Isabel, 

mi  hija.  . 
Burg.  ¡Yo  lo  celebro! 


—  8  - 


Marg.        ¡Con  un  joven  rico  y  guapo!... 
Luc.  ¡Servidor,  yo  soy  el  yerno! 

Maese  Hoy  celebramos  los  dichos. 
Luc.  Justo  y  mañana  los  hechos. 

¿No  habéis  visto  á  mi  futura? 

Ven  acá,  Cara  de  Cielo.  (Llamando  á  Isabel.) 

¿Eh?  ¿Qué  tal?  En  Cretimbach 

no  hay  un  bocado  más  bueno, 

y  el  bocado  es  para  mí. 
Maese       Y  de  ese  bocado  tierno 

yo  soy  el  padre  en  cuestión, 

es  decir,  el  cocinero. 
Burg.        ¡Comprendido!  ¡Comprendido! 

¡Está  muy  bien!... 
Luc.  Yo  os  ofrezco, 

en  mi  calidad  de  novio... 

(Ofreciéndole  una  copa  que  el  Burgomaestre  acepta  y 
bebe.) 

Burg.        ¡Muchas  gracias!  ¡Lo  agradezco! 

Pero  se  acabó  la  fiesta... 
Maese       Pero,  señor... 
Burg.  Sobra  el  pero... 

Atención,  que  voy  á  hablaros: 

¡Al  que  aliente,  lo  reviento! 

¡Vecinos  de  Cretimbach!... 

El  Gran  Federico  sexto, 

nuestro  muy  amado  Príncipe... 

(Todos  se  inclinan  ) 

ha  salido  del  colegio 

de  París,  donde  educándose 

estuvo  bastante  tiempo, 

y  viene^á  ocupar  el  trono 

de  sus  augustos  abuelos. 

Esta  noche  va  á  llegar 

á  su  Piincipado,  y  esto 

es  preciso  celebrarlo 

con  gran  pompa  y  lucimiento. 

¡A  ver!  Los  hombres,  al  punto, 

á  levantar  en  el  pueblo 

arcos  de  verde  follaje 

con  banderas  del  Concejo. 

Mucho  verde,  mucho  verde, 

que  así  demuestran  los  pueblos 

su  adhesión  á  los  monarcas 


-  9  — 


desde  muy  remotos  tiempos. 
Las  mujeres,  que  iluminen 
de  las  fachadas  los  huecos, 
que  es  muy  justo  que  á  la  fiesta 
presten  ellas  lucimiento. 
Y  todos,  grandes  y  chicos, 
sin  distinciones  de  sexo, 
á  recibir  á  su  Príncipe. 
He  dicho.  Mando  y  ordeno. 

Uno  (¡Viva  el  Burgomaestre!...) 

Todos  ¡Viva!... 

Otro        ¡Viva  nuestro  príncipe!... 

Todos  ¡Viva!... 

(Música,  y  vase  el  coro  por  el  arco.) 


ESCENA  III 

DICHOS,  menos  el  CORO 

Maese       ¿Pero  llegará  esta  noche? 

Burg.        La  noticia  he  recibido, 

y  está  claro  que  en  seguida 
he  dispuesto  lo  preciso. 
Aquí  vendrá  á  descansar. 

Makg.        ¿Qué  decís? 

Luc.  ¡Válgame  Cristo! 

Isab.  ¿Aquí? 

Maese  ¿En  mi  casa?  ¡Qué  honor!... 

Burg.        Vuestra  casa  en  el  camino 

se  encuentra  de  la  ciudad, 

y  por  eso  he  decidido 

que  aquí  pernocte. 
Maese  Mil  gracias. 

Burg.        Maese  Pedro,  nada  os  digo 

de  lo  que  tenéis  que  hacer. 
Maese       Descuidad.  La  casa  tiro 

por  la  ventana  esta  noche. 
Marg.        Y  hacéis  bien,  hermano  mío. 

¡Por  un  príncipe  tan  guapo, 

porque  debe  ser  guapísimo!... 

¿No  es  verdad? 
Burg.  No  lo  sabemos. 

Nosotros  no  le  hemos  visto 


—  10  — 


Maese 

BüRG. 


Marg. 

BURG. 

Maese 
Marg. 

Maese 

ísab. 
Maese 

Marg. 

Maese 
Luc. 

Maese 


jamás,  y  hay  una  razón: 
salió  de  aquí  pequeñito, 
para  educarse  en  París, 
y  como  que  habrá  crecido... 
¡Claro!  No  le  conocemos. 
Un  retrato  muy  antiguo 
tenemos  de  él  en  Palacio, 
de  cuando  era  chiquitito... 
Como  que  estaba  en  pañales. 
Pues  debe  estar  variadísimo. 
Que  no  falte  nada,  ¿eh? 
Maese  Pedro,  me  retiro. 
Disponedlo  todo. 

Al  punto. 
¡Tener  aquí  á  un  Federico! 

¡Vase  el  Burgomaestre  por  el  arco.) 


ESCENA  IV 

UICHOS,  menos  el  BURGOMAESTRE 

¡Isabel,  saca  vajilla, 
cuida  que  todo  esté  limpio! 
Avisa  á  nuestros  criados. 

Voy  en  Seguida.  (Vase  primera  derecha.) 

¡Dios  míol 
¡Qué  honor  para  un  posadero! 
¡Ve,  Margarita!  Es  preciso, 
que  arregles  mil  cosas,  anda. 
Voy  al  punto.  (Yo  le  pido 
al  príncipe  alguna  gracia... 
¡Vamos,  que  yo  se  la  pido!) 

(Vase  segunda  derecha.) 

Luciano,  vamos  nosotros, 

vamos,  vamos,  hijo  mío, 

que  hay  muchas  cosas  que  hacer. 

Vamos.  Pero  yo  os  aviso 

que  no  retraso  mi  boda, 

que  ha  de  ser  mañana  mismo. 

A  mí  no  me  importa  el  Príncipe. 

Bueno,  bueno,  ven  conmigo. 

:  Vanse  fondo  eocalera.) 


—  11  — 


ESCENA  V 

ALBERTO,  por  el  arco.  Este  personaje  lleva  capote  gris  largo,  y  uan 
barba  postiza 

ALB.  (Entrando.) 

¡Al  amparo  del  disfraz 
podré  verla  sin  temor! 
¡Casarse  Isabel!  ¡No  quiero! 
¡Vamos,  que  digo  que  no! 
Pensará  que  la  olvidé. 
¿Olvidarla?  ¡No,  señorl 
A  quien  temo  yo  es  al  padre, 
que  me  dió  una  felpa  atroz, 
en  cuanto  supo  que  andaba 
tras  de  su  bija;  y  que  yo 
no  anduve  listo.  ¡Caramba! 
¡Ni  dije  siquiera,  adiós! 
Pero  mañana  la  casan... 

(Decidiólo  ) 

Mas  no  con  ese  simplón, 

sino  conmigo.  (Pausa  )  ¿Conmigo? 

¿Pero  cómo?  ¡Vive  Dios! 

Hay  que  hacer  algo  muy  gordo. 

¡Pecho  ai  agua,  se  acabó! 

ESCENA  VI 

DICHO,  ISABEL  por  la  primera  derecha 


Is ab  .         ¡  Un  forastero ! 
Alb.  (¡Isabel!) 
ísab.  ¿Qué  queréis,  habitación? 

Alb.  (¡No  me  reconoce!)  Quiero, 

que  me  quieras,  como  yo. 

(Quitándose  las  barbas.) 

música 

Isab.  ¡Alberto  querido! 
Alb.  ¡Mi  bella  Isabel! 

Isab.  ¡Por  Dios,  que  mi  padre  nos  puede  cogerl 

Alb.  ¡Te  casas  mañana!  ¡Lo  supe,  mi  bien, 


y  vengo  á  decirte  que  no  puede  ser! 


—  12  — 


Isab.         ¡Mi  dueño  querido,  opinas  muy  bien! 

Más  quiere  mi  padre;  ¿y  yo  qué  he  de  hacer? 
Alb.  ¿Qué  vas  á  hacer?  ¡No  obedecer! 

Isab.  ¿Y  debo  yo  decir  que  no? 

Alb.  ¡Pues  me  quieres  y  te  quiero, 

si  te  casas  yo  me  muero, 
yo  me  muero,  si,  señor! 
¡Y  no  es  justo  que  se  muera, 
de  tan  trágica  manera 
un  muchacho  como  yo! 
Isab.  ¡Pobrecito!  ¡Pobrecito! 

¡No  te  mueras,  por  favor, 
mira  que  te  necesito, 
que  te  necesito  yo! 
Alb.  ¡Ay,  mi  bella  lsabelita! 

¡Si  tu  amor  me  necesita, 
no  te  cases,  por  favor, 
que  también  precisamente, 
te  lo  digo  francamente, 
me  haces  falta,  sí,  señor! 
Isab.  ¡Mi  amor!  ¡Mi  bien! 

Alb.  ¡Mi  luz!  ¡Mi  edén! 

Los  dos        ¡Esto  es  amar,  y  á  no  dudar 
el  mundo  entero 
nuestra  dicha  ha  de  envidiar! 
Tuya  I 
Tuyo  | 

¡Oh,  qué  placer! 
¡No  hay  que  dudar!...  ¡Esto  es  amar! 


he  de  ser. 


Hablado 


Isab.         Pero  di,  ¿cómo  has  venido? 

¿Por  dónde  supiste?...  ¿Di? 
Alb.  No  lo  sé...  Lo  presentí, 

y  aquí  todo  lo  he  sabido. 
Isab.         ¿Y  qué  pretendes? 
Alb.  .  No  sé. 

Pero  no  te  casarás. 
Isab  .         ¿Y  cómo  lo  evitarás? 
Alb.  Pues,  hija,  ya  lo  veré. 

Isab.         Si  no  hay  modo  ni  manera, 

si  hoy  los  dichos  nos  tomamos, 

y  mañana  nos  casamos. 


—  13  - 


Alb.  La  providencia  primera, 

que  es  la  base  principal, 

y  de  un  éxito  seguro, 

es  matar  á  tu  futuro. 

¿Qué  te  parece? 
Isab.  Muy  mal. 

Alb.  Pues  escaparnos. 

Isab.  No,  no. 

Eso  nunca,  (pie  es  muy  feo. 
Alb.  Pues  el  arreglo  no  veo. 

Isab.         Pues,  hijo,  tampoco  yo. 
Alb.  Y  si  te  cas'^s,  mujer, 

no  lo  pobre  soportar; 

á  mí  me  van  á  enterrar 

si  en  brazos  te  llego  á  ver 

del  otro.  ¿Quién  me  diría'?... 
Isab.  ¡Pues  mira,  que  mi  aflicción! 

Alb.  ¡No  tiene  comparación, 

no  compares,  hija  mía!  (pausa.) 

¡Vamos,  estoy  en  un  potro! 

El  otro  es  rico...  Sí,  sí... 

Pero  tú,  créeme  á  mí, 

yo  te  quiero  más  que  el  otro. 

Y  además,  no  se  enteró 

tu  padre  de  mi  abolengo. 

¿Sabe  acaso  lo  que  tengo? 

¿Sabe  acaso  quién  soy  yo? 

(Este  último  verso  debe  marcarlo  bien  el  actor.) 

Isab.         Sí,  sí,  pero  al  matrimonio 

iré  con  otro. 
Alb.  ¿Y  qué  quieres, 

si  habiendo  tantas  mujeres 

sobrantes,  ese  bolonio 

te  ha  elegido  para  él, 

y  tu  padre,  porque  es  rico, 

le  ampara  aunque  es  un  borrico? 
Isab.         ¡Ay,  Alberto! 
Alb.  ¡Ay,  mi  Isabel! 

(^Lloran  los  dos.  Se  oye  ruido  dentro.) 
ISAB.  ]Ay,  mi  padre!  (Serena.  Vase  primera  derecha.) 

Alb.  ¿Qué  hago  yo? 

¡El  disfráz!  (Poniéndoselo.)  Que  si  me  ve, 
me  pega  otro  puntapié 
como  aquel  que  me  pegó. 


-  14  - 


ESCENA  VII 

DICHO  y  MAESE  PEDRO  fondo  derecha 

MAESE         (Saliendo  y  dirigiéndose  á  la  puerta  que  da  á  la  esca- 
lera.) 

¡Qué  honor  para  mi  hostería! 

(Reparando  en  Alberto.) 

jAh!..  Muy  buenas,  caballero. 

¿Qué  queréis? 
Alb.  Un  cuarto  quiero 

hasta  que  amanezca  el  día. 
Maese       (Se  me  llena  la  posada.) 

En  este  estaréis  muy  bien. 

(Señalando  al  núm.  1.) 

¿Queréis  comida  también? 
Alb.  No.  Yo  nunca  tomo  nada. 

(Vamos,  no  me  ha  conocido. 
Desde  aquí  podré  observar.) 

(Vase  al  núm.  1.) 

Maese       Yo  me  voy  á  vigilar, 

no  vaya  á  haber  un  descuido. 

(Vase  puerta  que  da  escalera.) 


ESCENA  VIII 


EL  PRÍNCIPE  FEDERICO  y  VON-BRUN  por  el  arco 


música 

Fed.  Buen  chasco,  Von-Brun, 

se  van  á  llevar. 
¡Já,  já,  já,  já! 

Von  ¡Señorl  ¡Señor! 

Fed.  Déjame  ya. 

¡Jáj  já,  já,  já! 

¿Porque  soy  un  príncipe 

has  pensado  tú 

que  he  de  ser  esclavo? 

¡No,  por  Belcebúi 


Me  fastidia  la  etiqueta, 
y  en  mi  reino  quiero  entrar 
sin  los  vivas  de  ordenanza, 
que  de  balde  no  se  dan; 
sin  oir  de  las  campanas 
el  continuo  repicar; 
sin  el  clero  que  me  inciense 
y  sin  música  oficial. 

Todo  eso  merece 

tu  estirpe,  señor. 

Pues  yo  no  lo  quiero, 

y  se  concluyó. 
Me  carga  que  el  ejército, 
al  verme  á  mí  pasar, 
las  armas  me  presente 
con  esa  seriedad. 
Pues  parece  que  me  dicen, 
al  llamarme  la  atención, 
mira,  mira  los  fusiles 
de  la  última  invención. 

(Remedando  el  presentar  las  armas.) 

(¡Qué  cosas  que  dice! 

¡Dios  mío,  qué  horror! 
Este  se  destrona  él  mismo 
y  hace  la  revolución.) 
Me  revienta  el  besamanos, 
y  me  carga  mucho  más 
que  ante  mí  se  rompan  todos 
la  columna  vertebral. 

¡Señor,  por  aquí! 

¡Señor,  por  alfa! 
¡Al  infierno  la  etiqueta, 
que  yo  quiero  libertad! 
(¡Dios  mío,  qué  horror! 
¿Quién  vió  cosa  igual?) 
Al  infierno  la  etiqueta 
que  yo  quiero  libertad. 

Hablado 

Pero,  señor,  ¿este  es  modo 
de  entrar  en  tu  principado? 
¡Calla!  Me  tienes  cansado. 
Me  contradices  en  todo. 


—  16  — 


Von  Si  lo  que  quiero  decirte... 

Fed.         Ya  lo  sé,  mil  necedades. 
Von  Pero  esas  autoridades 

que  han  salido  á  recibirte, 

cuando  sepan  que  has  venido 

de  incógnito,  ¿qué  dirán? 
Fed.  ¿Crees  que  se  molestarán? 

Pues  me  alegro.  Decidido 

vengo  á  ser  príncipe  aquí 

á  mi  gusto  y  mi  manera; 

que  se  incomode  el  que  quiera, 

que  nada  me  importa  á  mí. 

Yo  sigo  siendo  estudiante, 

como  en  París.  ¡Vive  Dios! 

¿Te  acuerdas  cómo  los  dos 

la  hemos  corrido?  ¡Tunante!.. 
Von  Tú  tan  sólo  la  corrías, 

yo  acompañaba  no  más. 
Fed.  Tienes  razón.  Ya  no  estás 

para  ciertas  correrías. 

Pero  antes  bien  la  corriste, 

según  tú  mismo  has  contado, 

y  sé  que  en  mi  Principado 

algunos  daños  hiciste. 
Von  Ese  tiempo  ya  pasó; 

de  todo  me  retiré. 
Fed.  Por  eso  en  París  busqué 

otro  compañero  yo. 
Von  ¡Buen  amigóte!  ¡Un  tronera! 

Fed.  Sí,  como  buen  estudiante, 

pero  mi  amigo  constante. 

¡Por  Dios,  que  si  aquí  estuviera, 

primer  ministro  lo  hacía! 

¡Qué  primero!  ¡Universal! 
Von  ¡Bien  pensado!  Porque  el  tal, 

contigo,  señor,  un  día, 

ninguna  duda  me  queda, 

para  jugar  al  contado, 

anunciábais:  «Principado 

de  Cretimbach.  Almoneda.» 
Fed.  ¡Es  cierto,  tienes  razón! 

(Hablan  bajo.  Alberto  abre  la  puerta  del  cuarto  del 
fondo,  y  desde  el  dintel  observa.) 

Alb.  (¿En  dónde  estará  Isabel? 


—  17  — 


(Reparando  en  Federico.) 

¿Mas  qué  estoy  mirando?  ¡Es  él! 
jEl  mismo!  ¡No  es  ilusión!) 

(Saliendo  del  cuarto  y  corriendo  hacia  Federico.) 

¡Federico! 

FED.  (Separándose.)  ¿Quién  así 

me  trata  como  á  un  cualquiera? 
Alb.  ¿No  me  conoces?  ¡AhL  ¡Espera! 

(Reparando  en  el  disfraz  y  quitándose  las  barbas.) 
FED.  ¡Alberto!  (Se  abrazan.) 

Von  (¡Su  amigo  aquí!) 


ESCENA  IX 

DICHOS  y  ALBERTO 
FED.  (Después  de  una  pausa.) 

Pero,  ¿cómo  te  encuentro 

de  esta  manera? 
¿Cómo  en  esta  posada 

puedo  abrazarte, 
si  en  París,  al  hallarnos 

por  vez  postrera, 
en  Francia  para  siempre 

pensé  dejarte? 
Alb.  ¡Ay,  amigo  del  alma! 

Por  mi  destino 
vine  á  tu  Principado 

tras  de  una  hermosa. 
Fed.  ¿Hay  mujeres  por  medio? 

¡Vamos!  ¡Divino! 
Habla  pronto,  tunante. 

¿Será  preciosa? 
Von  (Se  han  visto  hace  un  minuto 

y  hablan  de  amores. 
¡No  he  visto  dos  muchachos 

más  calaveras!) 
Alb.  Es  una  niña  pura 

como  unas  flores. 
¡Ay,  amigo  del  alma, 

si  tú  la  vieras! 
Es  modesta,  sencilla, 

me  quiere  tanto... 


2 


—  18  — 


Y  yo  loco  de  amores 
por  ella  muero; 

pero  por  mi  desgracia, 

no  soy  el  santo 
de  devoción  del  padre 

de  la  que  quiero. 
Con  otro  va  .á  casarse, 

porque  es  muy  rico, 
y  eso  de  pesadumbres 

me  tiene  loco. 
¡Ay,  si  mi  amor  me  roban!... 

¡Ay,  Federico!... 
No  tengas  duda  alguna, 

viviré  poco. 
Verla  de  otro  en  los  brazos, 

¡eso  es  horrible! 
No  podré  con  tal  pena, 

te  lo  aseguro. 
No  podré,  no  lo  dudes. 

¡Es  imposible! 
Porque  aunque  no  he  de  verlo 

me  lo  figuro. 

Y  mañana  la  casan 
y  no  hay  salida. 

¿Qué  hago  yo?  ¿De  qué  modo 

salgo  del  paso? 
¿Cómo  salvo  á  mi  dulce 

prenda  querida? 
En  infierno  de  dudas 

loco  me  abraso. 
Ya  mi  amigo  del  alma, 

lo  sabes  todo. 
He  venido  á  tu  corte 

tras  de  una  bella, 
y  con  ansia  te  pido 

me  dés  el  modo 
para  que  á  los  altares 

vaya  con  ella. 
Fed.  Yo  no  sé  qué  decirte. 

¿Cómo  salvarla? 
¿Cómo  darte  una  prueba 

de  mi  cariño? 
El  modo  más  seguro 

será  robarla. 


—  19  — 


Von  (A  ladrón  de  doncellas 

se  mete  el  niño.) 
Lo  que  vas  á  hacer  mira, 

príncipe  amado. 
Fed.  Calla,  viejo  petate, 

vete  al  demonio,  (volviéndose  á  Alberto.) 
Yo  no  sé  de  qué  forma, 

pero  arreglado 
me  parece  que  tengo 

tu  matrimonio. 
Alb.  ¿Es  de  veras? 

Fed.  De  veras. 

Von  (¿Qué  hará  este  chico?) 

Fed.  A  tu  cuarto  en  seguida, 

que  allá  hablaremos. 
Von  ¿Qué  va  á  decir  tu  corte, 

gran  Federico? 
Alb.  ¿Cómo  vas  á  arreglarte? 

Fed.  Ya  lo  veremos. 

Anda  tú,  viejo  chocho.  (Empujándole.) 
Von  ¡Cuánta  finural 

(Entrando  en  el  cuarto  núm.  1,  del  fondo.) 

Fed.  Anda  tú,  y  abandona 

tu  cobardía... 
Alb.  ¡Tú  vas  á  ser  la  estrella 

de  mi  ventura! 
Fed.  Un  abrazo  y  adentro, 

y  en  mí  confía,  (vanae.) 


ESCENA  X 

ISABEL  saliendo  sigilosamente,  primera  derecha 

¡No  se  oye  nada!  ¿Le  habrá 
mi  padre  reconocido? 
¡Pobre  Alberto!...  Pero,  no, 
porque  todo  está  tranquilo,  (pausa.) 
¿Se  habrá  marchado?  No  sé. 
¿Qué  vamos  á  hacer?  ¡Dios  míol 


—  20  — 


ESCENA  XI 

DICHA  y  LUCIANO,  fondo  derecha 

Luc.         Oye,  Isabel;  ¿dónde  está 
tu  padre? 

Isab.  Yo  no  lo  he  visto. 

Luc.  Con  la  venida  del  príncipe, 

tú  y  yo  nos  hemos  lucido. 

Ni  hemos  podido  bailar, 

ni  siquiera  estar  juntitos 

para  decirte:  ¡preciosa! 

¡Te  quiero,  pero  muchísimo!... 
Isab.         ¡Bueno,  bueno!  Pero  calla: 

como  si  lo  hubieras  dicho. 
Luc.  (Le  da  vergüenza  á  la  pobre; 

mañana  será  distinto, 

porque  ya  mañana,  claro- 
Entre  mujer  y  marido, 

al  demonio  la  veigüenza. 

Si  me  diera  un  anticipo.) 
Isab.         (No  se  marcha.) 
Luc.  ¡Isabelita! 
Isab.         ¿Qué  quiéres? 
Luc.  (¡Yo  me  decido!) 

¿Me  quiéres  dar  un  abrazo? 
Isab.         ¡No,  señor! 
Luc.  Anda,  flojito. 

Isab.         ¡Que  no! 

Luc.  ¿No?...  ¡Pues  me  lo  tomo!... 

(Corren  los  dos;  Isabel  se  escapa  y  aparece  por  la  se- 
gunda derecha  Margarita,  que  recibe  el  abrazo  de  Lu- 
ciano.) 

ESCENA  XII 

DICHOS  y  MARGARITA 

Pero,  ¿qué  es  esto?  ¡Atrevido! 
¡Le  di  el  abrazo  á  la  tía! 
¡Cuándo  en  otra  se  habrá  visto! 


Marg. 
Luc. 


—  n  — 


Marg.       Oye,  ¿pues  qué  te  figuras? 

Yo  tuve  más  de  un  partido, 
y  si  me  hubiera  dejado 
abrazar... 

Luc.  Eso  es  antiguo, 

vamos,  que  hará  mucho  tiempo. 

Marg.       ¡No,  señor!...  Vaya,  y  no  admito 
insultos.  Yo  no  soy  vieja. 
¿Verdad,  Isabel?  ¡Pues  hijo! 

Isab.         Vamos,  cállate,  Luciano. 

Marg.       Pues  si  yo  hubiera  querido, 
ya  estaría  bien  casada, 
pero  se  escapó  aquel  pillo 
que  me  cortejaba.  ¡Ayl 
¿Por  qué  se  escapó,  Dios  mío? 
¡Si  aquella  noche  sé  yo 
lo  que  después  he  sabido!... 

Luc.  ¿Qué? 

Marg.  Que  la  ley  me  amparaba. 

Aquella  noche  doy  gritos. 

Luc.  Pues,  ¿qué  os  pasó,  Margarita? 

Marg.       Pues  el  caso  es  bien  sencillo. 
Yo  tenía  relaciones 
con  un  hombre... 

Luc.  Comprendido. 

Marg.       Quiso  robarme  una  noche, 
pero  yo  no  quise,  hijo. 
¡Qué  tonta  fui!  ¡Se  marchó! 
¡Ay!  Si  aquella  noche  grito, 
pues  viene  el  Burgomaestre' 
y  se  enteran  los  vecinos, 
y  lo  cogen  infraganti 
y  nos  casan,  que  el  delito 
de  sorprender  á  doncellas 
en  poblado,  con  castigo 
.   de  boda,  penan  las  leyes 
en  este  país  bendito. 

Luc.  ¿De  veras?  ¡No  lo  sabía!... 

Marg.       ¡Esa  es  la  ley,  hijo  mío! 

Isab.         Pues  otra  vez  que  le  pase, 
debéis  gritar.  * 

Marg.  Y  te  afirmo 

que  el  grito  pongo  en  el  cielo 

Luc.         (Buena  estás  ya  pata  gritos.) 


~  22  — 


ESCENA  Xin 

DICHOS  y  FEDERICO  por  el  fondo 

Fed.         A  ver,  ¿en  dónde  está  el  amo 

de  la  posada? 
Marg.  Allá  fuera. 

Pero  yo  su  hermana  soy. 
Isab.         Y  yo  su  hija. 
Fed.  Y  muy  bella. 

Luc.         Yo  soy  su  novio. 
Fed.  Está  bién. 

(Tiene  buen  gusto  el  tronera 

de  Alberto!  ¡Vaya  una  moza!) 

(Acercándose  á  Isabel.) 

Vales  más  oro  que  pesas; 

chiquilla,  me  gustas  mucho. 
Luc.  (¡Y  en  mis  barbas  la  requiebra!) 

Despacio,  que  estoy  yo  aquí. 
Fed.  No  tengas  celos,  babieca. 

Sé  que  te  casas  mañana; 

y  lo  que  es  por  mí  no  temas. 
Marg.  Bien,  ¿pero  vos  qué  queréis? 
Fed.  Pues  quiero  que  con  presteza 

avises  al  posadero 

para  que  corriendo  venga, 

porque  el  Príncipe  ha  llegado. 
Marg.  ¿Vos?.. 
Isab.  ¡Señor! 
Luc.  (¡Ahora  me  cuelga!) 

(Todos  se  inclinan.) 

Fed.  ¡Levantad!  ¡Cumplid  mis  órdenes! 

Luc.  ¡En  seguida,  á  la  carrera!  (vase  fondo.) 

Marg.       Yo  voy  también,  (vase  fondo.) 

ISAB  Y  yo.  (Medio  mutis.) 

Fed.  ¡No! 

Ven,  Isabel,  tú  te  quedas. 


ESCENA  XIV 


ISABEL  y  FEDERICO 

Música 

¿Qué  me  mandáis,  noble  señor? 
Tú  sola  mandas,  no  mando  yo. 
Que  teniendo  esa  cara  divina, 
y  esos  ojos,  que  brillan  así, 
mi  nobleza  á  tus  plantas  se  inclina 
y  tú  mandas  y  reinas  aquí. 
La  lisonja  es  galante  y  me  agrada, 
aunque  no  la  merezco,  señor. 
Mas  pensad  que  mañana,  casada, 
otro  el  dueño  será  de  mi  amor. 
Otro  será,  bien  dicho  está. 
Mas  no  á  Luciano  darás  tu  mano 
ante  el  altar. 
¡Oh!  ¿Qué  decís? 

Todo  lo  sé, 
y  tus  amores  protegeré. 
(¿Cómo  el  Príncipe  ha  sabido 
el  secreto  de  los  dos?) 
Niña  hermosa,  nada  temas, 
á  tu  lado  estando  yo. 


Cuando  una  niña,  enamorada, 
adora  ciega  á  su  galán, 
y  el  padre  quiere  con  un  tonto 
unir  la  niña  ante  el  altar, 
es  necesario  que  un  amigo, 
llegando  á  tiempo  ¡vive  Dios! 
deshaga  todo  en  un  momento, 
y  aquí  el  amigo  ya  llegó. 

¡Señor,  señor! 

¿Qué  me  decís? 

Tú  nada  temás; 

confía  en  mí. 


—  24  — 


Isab.         Desde  el  momento  que  me  ampara 

tan  poderosa  protección, 

no  duda  ya  de  su  fortuna 

mi  agradecido  corazón. 

A  vos  os  deberán  su  dicha 

mi  amado  Alberto  y  su  Isabel. 

Por  vos  se  entrega  á  la  esperanza 

el  alma,  henchida  de  placer. 
Fed.  ¿Tan  viva  llama  te  inspiró  el  tunante 

que  así  la  calma  te  robó? 
Isab.         Mi  vida  cifro  en  su  pasión  constante 

que,  enamorado,  me  juró. 
Los  dos     Deseche  el  alma  la  aflicción. 

La  esperanza  es  un  consuelo 

que  reanima  el  corazón. 

Feliz    I  ™e.sie"t0  j  renacer. 
(  te  sientes  j 

Con  |  ^  |  Alberto  enamorado 
jqué  dichosa  j  ™^  J  á  ser. 

Hablado 

Fed.  Ya  ves  que  todo  lo  sé: 

que  te  casan  á  la  fuerza, 

que  á  Alberto  le  quieres  mucho. 
Isab.         Es  verdad. 
Fed.  Mas  nada  temas, 

que  yo  os  protejo  á  los  dos. 

Y  por  una  estratagema, 

que  no  falla,  os  casaréis 

aunque  se  oponga  quien  quiera. 
Isab.         ¿Cómo  puedo  resistir 

á  la  voluntad  paterna? 

Luciano  es  rico,  y  mi  padre 

tiene  apego  á  las  monedas. 
Fed.  Pero  tú... 

Isab.  Yo  sin  mi  Alberto 

no  concibo  las  riquezas. 
Fed.  (¡Suerte  tiene  ese  bergante! 

Vamos  á  ponerla  á  prueba.) 

¿Tú  sabes  quién  es  Alberto? 
Isab.         Ün  estudiante  cualquiera, 


—  25  — 


sin  más  fortuna  en  el  mundo 

que  sus  libros  y  su  ciencia. 
Fed.  ¿Y  si  acaso  resultara 

de  más  elevada  esfera? 
Isab.         ¿Qué  decís? 
Fed.  Que  tú  no  sabes 

quién  es  Alberto,  tontuela. 

Ni  tu  padre,  que  es  tan  listo, 

lo  ha  sospechado  siquiera. 

Yo  te  digo  que  os  casáis. 
Isab.  Pero... 

Fed.  ¡Calla!  Gente  llegá.  (vase  cuarto  fondo.) 


ESCENA  XV 

ISABEL,  MAESE  PEDRO,  MARGARITA  y  LUCIANO  por  el  fondo 
escalera 

JVÍAESE         (Dirigiéndose  á  Margarita  y  Luciano.) 

Esperad,  yo  entraré  solo.  # 
Señor... 

(Viendo  que  no  hay  nadie  se  dirige  á  Margarita  y  Lu- 
ciano.) 

Pero  ¿no  decíais 

que  el  Príncipe  estaba  aquí? 
Luc.  Aquí  quedó. 

Marg.  Con  tu  hija. 

Isab.         Sí,  padre.  Pero  ahora  mismo, 

antes  de  vuestra  venida, 

entró  en  esa  habitación. 

(Señalando  la  del  fondo.) 

Maese       ¿En  esa?  ¡Virgen  Santísima! 

¡Si  yo  mismo  le  hospedé 

hace  un  rato!...  Sí,  hija  mía, 

en  ese  cuarto,  en  el  mismo, 

sin  hacerle  cortesías 

ni  nada.  ¿Qué  habrá  pensado? 

Y  por  cierto  que  traía 

un  capotón,  y  la  barba 

me  pareció  algo  crecida. 
Isab.         (Ese  es  el  disfraz  de  Alberto. 

Lo  ha  visto.) 
Marg.  ¡Pedro,  deliras! 


—  26  — 


No  tiene  el  Príncipe  barbas. 

Maese       jUy,  qué  cabeza  la  mía! 

Luciano,  corre,  ve  al  punto, 
anda,  hijo  mío,  de  prisa, 
¡que  venga  el  Burgomaestre 
y  toda  su  comitiva! 

Luc.  Voy  á  escape  á  la  ciudad,  (vase  arco.) 


ESCENA  XVI 

DICHOS  menos  LUCIANO.  VON  BRUN  por  el  fondo  con  el  capote 
gris  y  las  barbas  de  Alberto 

Von  ¡Ay!  ¡Qué  Príncipe!  ¡Por  vida! 

Ponerme  hecho  un  mamarracho 

con  estas  barbas  postizas, 
Maese       ¡Este  es  el  que  yo  hospedé!... 
Isab.         (No  es  Alberto,  ¡qué  alegría! 

Pero  el  disfraz  es  el  mismo.) 

¿Cómo  este  cambio  se  explica? 

MAESE  (Avanzando.) 

(¡Es  el  Príncipe,  no  hay  duda!) 

Vuestra  alteza  serenísima, 

honra  mi  casa,  señor!...  (cae  de  rodillas.) 
Von  Id  al  diablo. 

Isab.  ¡Padre,  quita!... 

¡Si  no  es  el  Príncipe!... 

MAESE         (Levantándose.)  ¿Cómo? 

Von  Estoy  yo  para  bromitas. 

Marg.       (Esa  voz  yo  la  conozco.) 

(Fijándose  en  Von  Brun.) 


ESCENA  XVII 

DICHOS  y  FEDERICO  por  el  fondo. 

Fed.  ¿Vino  vuestro  padre,  niña? 

Isab.  ¡Este  es  el  Príncipe!...  (a  su  padre.) 
Maese  ¡Cielos! 

Señor,  hinco  la  rodilla 

ante  vos  y  me... 
Fed.  ¿Qué  hacéis? 


—  27  — 


Maese       Vuestra  alteza  serenísima 
honra  mi  casa,  señor. 

FED.  (Riéndose.) 

¡Pero,  levantad!  ¡Qué  risa! 
¡No  soy  el  Príncipe! 

MAESE         (Levantándose.)  ¿Qué? 
("Volviéndose  á  Isabel.) 

¿Quién  es  el  Príncipe,  hija?  (Hablan  bajo.) 

MARG.         (Que  habrá  pasado  al  lado  de  Von  Brun,  y  no  hace 
más  que  mirarle.) 

(¡Sí,  yo  conozco  á  este  hombre!) 
Von  (¡Cuánto  esta  vieja  me  mira!) 

Isab.         Padre,  yo  pensé... 
Maese  ¡Demonio! 

A  ver  si  otra  vez  te  fijas. 

¡Pues  si  otro  Príncipe  sale, 

hoy  me  quedo  sin  rodillas. 

FED.  (va  á  la  puerta  del  fondo.) 

(Sal,  Alberto.)  (a  todos.)  ¡Paso  al  Príncipe! 
Isab.  (¡Alberto!) 

Maese  (¡Este  no  es  mentira!) 

¡Gran  señor!... 

(Va  á  caer  de  rodillas,  pero  se  fija  en  Alberto.) 

¿Pero  qué  veo?... 
El  que  rondaba  á  mi  hija. 

MaRG.         (Que  habrá  pasado  al  lado  de  Maese  Pedro.) 

¡Al  que  diste  el  puntapié! 
Isab.         (¡Príncipe!...  ¡Quién  lo  diría!) 

Música 

Von  (Príncipe  su  amigo, 

¡qué  barbaridadl) 

mÍrg.      I       Mncipe  I  ^¡Alberto 

no  sé  qué  pensar... 
Maese  (¡Y  yo  de  mi  casa 

lo  eché  á  puntapiés!) 

ALB.  (A  Federico.) 

(Cómo  se  han  quedado, 
mi  alcurnia  al  saber.) 

FED.  (A  Alberto.) 

No  tengas  cuidado, 
que  estoy  aquí  yo. 


—  28  — 


Y  te  juro  que  el  enredo 
ha  de  ser  de  lo  mejor. 

(Dirigiéndose  á  todos,  con  solemnidad  exagerada.) 
El  Príncipe,  señores, 
el  Príncipe  real, 
permite  que  lleguéis 
sus  manos  á  besar. 
Maese  De  fijo,  si  me  acerco, 

de  fijo,  me  hace  así, 

(Acción  de  dar  un  puntapié.) 

á  cambio  de  aquel  otro 
que  yo  también  le  di... 
Alb.  Aquí  tenéis  mi  mano. 

(Con  gravedad  cómica.) 

Maese  Señor,  señor,  perdón.  (Besando  de  rodillas.) 

FED.  (A  Von  Brun  ) 

Besad  también  al  Príncipe. 
Von  (Le  daba  un  pescozón.) 

(Besándole  la  mano.) 

Marg.  También  besar  al  Príncipe 

la  mano  quiero  yo.  (Besándosela.) 
(Más  éste  de  las  barbas... 
¿quién  es  este  señor?.  .) 

(Fijándose  en  Von  Brun.) 
FED.  (A  Isabel.) 

Y  vos,  hermosa  niña... 
Isab.               (¡No  sé  qué  debo  hacer!) 
Fed.                ¡Atrévete,  tontuela! 

¡Atrévete,  mujer! 
(Acercándose  á  ella  y  empujándola  hácia  Alberto.) 

Isab.  Señor,  señor... 

ALB.  (Atrayéndola.) 

¡Mi  bien,  mi  amor!... 

¡Tuyo  seré,  y  á  no  dudar 

el  mundo  entero  nuestra 

dicha  ha  de  envidiar! 
Isab.  ¿Qué  dices,  Alberto? 

Alb.  Lo  que  oyes  no  más, 

que  Príncipe  y  todo 

te  llevo  al  altar. 
Isab.  ¿Qué  escucho?  ¡Dios  mío!... 

(¡Yo  sueño  quizás!...) 
Alb.  (¡Te  doy,  vida  mía, 

palabra  real!) 


—  29  — 


FED.  (A  Maesa  Pedro.) 

Me  parece,  posadero, 
me  parece,  sin  dudar, 
que  la  cara  de  tu  hija 
le  flechó  á  Su  Majestad. 

Maese  Me  parece,  caballero, 

me  parece  que  es  verdad. 
(¡Ay,  si  paso  yo  á  ser  suegro, 
suegro  de  Su  Majestad!) 

Von  (Me  parece,  voto  á  Cristo, 

me  parece  voto  á  tal, 
que  el  papel  que  estoy  haciendo 
es  de  estraza  y  nada  más...) 

MARG.         (A  Von  Brun.) 

Me  parece,  eaballero 

que  os  conozco  tiempo  há. 

VON  (Reconociéndola.) 

¡Caracoles!...  ¡Margarita!... 
(¡Ay,  Jesús,  qué  vieja  está!) 

Concertante 


ISAB. 

(Si  esto  es  un  sueño. 
¡No  quiero  despertarl) 

Alb. 

(¡Me  parece  que  esta  farsa 
mi  ventura  labrará!) 

Marg. 

(Arrepentido  viene  quizás, 

y  de  los  arrepentidos 

algo  bueno  hay  que  esperar.) 

ISAB.  I 

Nuestra  ventura. 

Alb.  1 

muy  cerca  está... 
¡Oh,  qué  suprema 
felicidad!... 

Fed. 

Va  bien  la  farsa 
no  hay  que  dudar... 
Padre  más  tonto, 
no  se  verá. 

Maese 

(Claro  lo  veo, 
no  hay  que  dudar, 
quiere  á  la  niña 
Su  Majestad.) 

Von 

(¡Me  ha  conocido!... 
¡qué  atrocidad!... 

¡oh,  qué  maldita 

casualidad!) 

—  30  — 


Hablado 

Alb.         ¡Maese  Pedrol 

Maese  (Me  va  á  hablar.) 

Alb.  Ya  sabéis  que  antes  de  ahora 

á  Isabel  mi  pecho  adora 

y  que  me  quise  casar. 
Maese       Sí,  gran  señor...  Ya  lo  sé. 

Me  hicistéis  la  petición, 

y  os  di  ana  contestación. 
Alb.         Sí,  la  recuerdo. 

(Buscando  el  sitio  y  volviéndose  un  poco  de  espaldas 
al  público.) 

¡Aquí  fué! 

Maese       ¡Yo  quién  érais  ignoraba! 
Fed.  El  Príncipe  lo  ha  olvidado, 

pero  sigue  enamorado. 
Alb.         Mucho  más  que  antes  lo  estaba 

y  tanto... 

Fed.  (a  Alberto.)  (Déjame  á  mí.) 

Que  quiere  hacerla  su  esposa, 

si  de  esta  unión  es  gustosa. 
Isab.         Padre,  yo  digo  que  sí. 
Fed.  ¿Y  vos? 

MaESE  (Emocionado.) 

¡A  mí  la  alegría 
me  matal  ¿No  he  de  querer 
si  con  esto  vengo  á  ser 
suegro  de  la  monarquía.?  (Hablan  bajo.) 

MARG.  (A  Von  Brun.) 

Cuando  se  marchen,  te  espero, 

que  hablarte  estoy  deseando. 
Von  (¿Sí?  Pues  ya  te  estás  sentando.) 

Marg.       (Está  un  poco  viejo...  Pero...) 

(Hablan  bajo.) 

Fed.  Pues  ya  está  arreglado  todo. 

Alb.         Ante  el  Príncipe  Real  (a  Maese  Pedro.) 

diste  palabra  formal... 

No  olvides... 
Maese  De  ningún  modo; 

vuestra  es  Isabel,  señor. 
Fed.  ¡Vas  á  ser  mi  camarada!.. 

De  Marqués  de  la  Posada 


-  31  — 


tendrás  el  título. 
Maese  ¡Qué  honor! 

Alb.  Me  retiro  á  descansar... 

(No  puedo  más.)  (Riéndose.) 

Fed.  Hacéis  bien. 

Alb.  Que  mis  órdenes  se  den. 

(Vase  fondo.) 

Isab.  ¡Yo  no  sé  lo  que  pensar! 

Maese       (|Qué  fortuna  para  mí!) 
Fed.  Guarde  silencio  profundo 

en  la  casa,  todo  el  mundo, 


que  el  Príncipe  duerme  allí. 
(Si  estoy  más  aquí  reviento.) 

(Riéndose,  vaso  cuarto  fondo.) 

ESCENA  XIX 

DICHOS,  menos  FEDERICO  y  ALBERTO 


Maese  ¿Qué  me  dices,  Isabel? 
Isab.  Que  yo  me  caso  con  él. 
Maese       Bien.  ¿Y  el  otro  casamiento? 

(Hablan  bajo.) 

Marg.       ¡No  te  marches,  ingratón! 
Von  Tengo  que  hacer  un  encargo. 

Marg.  Tenemos  que  hablar,  y  largo. 
Von  (¡Me  espera  buen  chaparrón!) 

Maese  (Aisabei.) 

¿Y  Luciano,  eh?  ¿Qué  dirá? 

El  caso  es  comprometido. 
Isab.  Dile,  todo  ha  concluido. 

Mafse       Y  no  se  conformará... 
Isab.  ¡Princesa  yo,  que  alegría!... 

¡y  tú  Marqués!... 
Maese  ¡Es  muy  cierto! 

Isab.  ¡Quién  me  dijera  que  Alberto!... 

Maese  ¡Tienes  razón,  hija  mía! 
Isab.         Aunque  lo  digo  formal, 

mejor  quisiera  á  mi  amante 

no  más  que  simple  estudiante. 
Maese       Yo  no  he  visto  cosa  igual. 

Mas  Luciano  va  á  venir... 


32 


¿Quién  le  dice?... 
Isab.  Yo  me  voy. 

No  quiero  verle.  (Vase  primera  derecha.) 

Maese  Yo  estoy 

que  ni  Sé  ya  qué  decir.  (Vase  fondo  escalera.) 


ESCENA  XX 

MARGARITA  y  VON  BRUN 
MARG.  (Después  de  una  pausa.) 

¿Por  qué,  dime,  te  fuiste  de  mi  lado? 
Von  Porque  tuve  que  hacer  en  otra  parte. 

Marg.  ¿No  sabes  tú,  Von  Brun,  lo  que  he  llorado? 
Von  (Pues  hoy  empiezo  yo  por  encontrarte.) 

Marg.       Yo  inocente  creía 

que  tu  pecho  me  amaba  con  demencia, 

y  que  tu  amor  jamás  acabaría. 
Von  ¡Todo  acaba,  hija  mía!... 

(¡Se  me  está  á  mí  acabando  la  paciencia!) 
Marg.       ¿Vuelves  arrepentido? 

¿Te  acordaste  de  mí  y  aquí  has  venido? 

¿No  es  esto? 
Von  ¡Justamente! 

Como  vuelve  á  su  nido 

la  tímida  paloma  enamorada. 

(Es  preciso  seguirla  la  corriente. 

Esta  pobre  mujer  está  tocada.) 
Marg.        ¡Te  crecieron  las  barbas,  Dios  clementeF 

¡Con  la  ausencia  quizá!...  ¡Ay,  pobrecito!... 
Von  Si  te  gusto  sin  barbas...  prontamente... 

sin  sacrificio  alguno  me  las  quito...  (pausa.) 
Marg.       ¿Te  acuerdas,  di,  mi  bien,  de  aquellas  horas 

en  que  de  amor  me  hablabas  á  la  reja? 

Pasaron  voladoras. 
Vcn  (Tú  también  te  has  pasado.  Ya  estás  vieja.) 

Marg.       ¿Te  acuerdas  de  qué  modo 

tú  y  yo  nos  conocimos? 
Von  Sí,  me  acuerdo. 

Marg.       ¿Te  acuerdas  cómo  fué? 
Von  Vaya,  de  todo. 

Marg.       ¡Dulcísimo  recuerdo!  Aquél  dichoso  día 

á  los  dos  nos  cegaba  pasión  loca. 


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¿Te  acuerdas,  di? 
Von  ¡De  todo,  vida  míal 

(Y  de  un  fusil  cargado  hasta  la  boca, 

que  si  aquí  lo  tuviera,  serviría.) 
Marg.       Ya  que  mi  suerte  quiso  que  volvieras, 

es  preciso  que  hablemos. 
Von  Cuando  quieras. 

Mas  no  ahora,  que  tengo  que  partirme. 
Marg.        Esta  noche  has  de  verme, 

si  en  tu  amor  de  otro  tiempo  sigues  firme. 
Von  (No  vuelves  á  cogerme, 

porque  esta  misma  noche  he  de  escurrirme.) 
Marg.  ¿Vendrás? 

Von  ¿No  he  de  venir?. . .  (¡Pues  no  es  pesadal ) 

Marg.        En  aquella  ventana,  de  otras  veces, 

te  esperaré  sentada. 
Von  Así  debe  esperar  mi  prenda  amada. 

(¡Si  me  esperas  de  pie,  de  fijo,  creces! 
Marg.        A  las  doce  vendrás,  que  tengo  empeño 

en  repetirte  mis  amantes  quejas. 
Von  (A  las  doce  estoy  ya  en  el  quinto  sueño.) 

Marg.       La  ventana,  Von  Brun,  no  tiene  rejas. 
Von  (Demonio  con  la  anciana. 

Esta  ya  no  repara  ni  en  perfiles.) 

¿Con  que  no  tiene  rejas  la  ventana? 

(Pues  hicieron  muy  mal  los  albañiles.) 
Marg.        ¿Con  que  me  faltarás? 
Von  ¡Qué  he  de  faltarte! 

Marg.       ¿Con  que  vendrás? 

Von  Vendré.  Mas  me  retiro. 

xMarg;       (Esta  noche  consigo  yo  atraparte.) 
Adiós. 

Yon  ¡Adiós!...  (Y  que  te  den  un  tiro.) 

( Vase  cuarto  fondo.) 

ESCENA  XXI 

MARGARITA  é  ISABEL,  primera  derecha 

Isab.         ¡Tía  Margarita! 

Marg.  ¿Qué  quieres? 

Isab.  ¡Un  favor! 

Marg.  ¡Habla! 

Isab.  A  Luciano, 

3 


—  34  — 


mi  padre  le  va  á  decir, 
que  ya  con  él  no  me  caso. 
Marg.  ¡Justo! 

Isab.  Y  él,  como  es  así, 

tan  borrico  y  tan  pesado, 
estoy  viendo  que  esta  noche 
á  la  ventana  del  cuarto 
que  yo  ocupo,  va  á  venir 
á  darme  quejas,  y,  es  claro, 
yo  no  sabré  qué  decirle... 
Por  eso,  para  evitarlo... 

Marg.       ¿Quieres  dormir  en  mi  estancia 
y  que  yo  ocupe  tu  cuarto? 
Precisamente  ahora  mismo 
te  iba  á  proponer  el  cambio. 
En  el  mío  no  hay  ventana 
y  en  el  tuyo  sí.  Arreglado. 

Isab.  Pero  tía,  ¿y  vos,  por  qué? 

Marg.       Es  un  secreto. 

Isab.  Me  callo. 

Marg.       Ya  lo  sabrás  esta  noche.  - 

Isab.  Pues  cada  una  á  su  cuarto; 

es  decir,  al  suyo  no. 

(Vase  segunda  derecha.) 

Marg.       ¡Ay!  ¡Esta  noche  lo  atrapol 

(Vase  primera  derecha.) 


ESCENA  XXII 

MAESE  PEDRO  por  el  fondo,  LUCIANO  por  el  arco 

Luc.  ¡Señor  suegro! 

Maese  (¡Ya  está  aquí!) 

Luc.         Ya  están  todos  avisados, 
y  vienen  corriendo. 

Maese  ¡Calla, 

que  es  preciso  que  salgamos 
á  detenerlos!  El  Príncipe, 
que  se  encuentra  descansando, 
no  recibe  hasta  mañana. 
Apaga  el  farol,  muchacho. 

LUC.  Allá  VOy.  (Va  á  apagar  el  farol.) 

Maese  (¿Cómo  le  digo 


—  35  — 


que  ya  no  Se  Casa?  (Quedan  á  oscuras.) 

Luc.  [Andando! 

Pero,  ¿qué  pasa? 
Maese  ¡Nada! 

(¡Que  no  se  lo  digo,  vamos! 

Mañana  será  otro  día.) 

Acuéstate. 
Luc.  Si  es  temprano, 

y  quiero  ver  á  Isabel. 
Maese        ¿A  Isabel  dices? 
Luc.  Pues  claro. 

Maese       ¡Pues  turbio!  Porque  la  chica 

ya  debe  haberse  acostado. 
Luc.         Entonces  vamos  á  eso. * 
M^ese       Tienes  razón.  Vamos,  vamos. 

Mas  aguarda.  (Se  lo  digo.) 

Oye  un  instante,  Luciano. 

Hay  momentos  en  la  vida 

en  que  la...  yo  siento  tanto 

decírtelo...  mas  comprende... 
Luc.         Pero,  ¿qué  pasa? 
Maese  ¡Un  abrazo, 

y  ten  valor,  hijo  mío!  (se  lo  da.) 

Al  Príncipe  le  ha  gustado 

Isabel... 

Luc.  Me  alegro  mucho. 

¡Como  que  mi  gusto  es  malo! 

MAESE         (Muy  rápido.) 

Es  que...  se  casa  con  ella, 

y  me  ha  pedido  su  mano, 

y  yo  se  la  he  concedido, 

y...  (todo  se  lo  he  soltado.) 
Luc.  ¿Qué  decís?..  Pero,  ¿es  verdad? 

Maese       Y  tan  verdad.  (Y  me  largo, 

que  si  me  pierde  el  respeto 

me  voy  á  encontrar  un  palo.) 

(Vase  por  el  arco.  Pausa.) 
LUC.  ¡El  Príncipe!..  (Lloriqueando.  Pausa.) 

¡Ya  no  hay  boda! 
¡Es  decir,  que  no  me  caso! 
Que  Isabel...  (Transición.)  ¡Pues  no,  señor 
Las  leyes  me  dan  amparo, 
según  dijo  Margarita... 
Isabel  está  en  su  cuarto. 


—  36  — 


Lo  que  no  logré  por  buenas, 
por  malas  voy  á  lograrlo. 
¡A  bruto  no  hay  quien  me  gane! 
¡Nada,  que  doy  el  escándalo! 

(Vase  fondo  escalera.) 


ESCENA  XXIII 

Por  el  trozo  de  calle  que  se  ve  desde  el  arco  aparece  el  BURGO- 
MAESTRE, ESCOPETEROS  y  CORO  GENERAL.  Todos  con  linternas 
encendidas 


música 


Burg.  Sólo  os  recomiendo 

no  desafinar. 
Coro  Estamos  pendientes 

de  su  autoridad. 
Burg.  A  una,  muchachos, 

oído  al  compás. 

MaRG.         (Desde  el  cuarto  de  la  primera  derecha.) 

¡Socorro! 

Coro  ¿Quién  grita? 

Marg.  ¡Socorro,  por  Dios! 

Luc.  (¡La  vieja  maldita,  (saliendo.) 

qué  equivocación!) 
Bu  g.  Abrid  las  linternas, 

y  adentro.  (Saliendo  todos.) 
LUC.  ¡Qué  horrorl  (Huyendo  fondo.) 

Marg.  ¡Socorro,  vecinos! 

¡Socorro,  favor! 
Coro       )  ¿Qué  es  esto?  ¿Qué  pasa? 

Burg.       >  ¿Qué  es  lo  que  ocurrió? 

Marg.  Hace  poco  que  en  mi  cuarto 

un  galán  me  ha  sorprendido. 

soy  una  doncella  casta 

y  justicia  á  voces  pido. 
Maese  ¿Qué  dices,  hermana?  (saliendo.) 

Marg.  La  pura  verdad. 

Burg.  No  temas,  doncella, 

justicia  se  hará. 

(Llama  á  un  escopetero  de  su  ronda  y  finje  darle  un 
encargo  al  oido;  el  escopetero  se  va  á  la  calie  y  vuel- 
ve á  su  tiempo  con  un  haz  de  varas.) 


—  37  - 


Coro  (Un  hombre  en  su  cuarto, 

jqué  barbaridad! 
Pues  es  un  valiente 
sin  duda  el  galán.) 

Marg.       j         Y  el  vil  seductor 

Maese       j         huyó  sin  tardar. 

Coro  Mas  no  ha  de  valerle, 

se  le  buscará. 
¡Já,  já,  já,  já! 
(Pues  es  un  valiente 
sin  duda  el  galán.) 


ESCENA  ÚLTIMA 

DICHOS  y  van  apareciendo  los  personajes  como  vaya  indicándolo  el 
diálogo 


Hablado 

ISAB  (Saliendo  tercera  derecha.) 

...     ¿Pero  qué  pasa?  ¿Qué  ocurre? 

Fed.        •    (Saliendo  del  cuarto  del  fondo.) 

¿Qué  es  esto?  ¿Qué  ha  sucedido? 
¿Por  qué  se  molesta  al  príncipe? 

(Todos  retroceden.) 

Von  ¿A  qué  vienen  estos  gritos? 

LuC.  (Por  el  fondo.) 

¿Qué  va  á  pasar?  (Si  no  salgo, 
pues  me  delato  yo  mismo.) 

ÁLB.  ¿Qué  SUCede?  (Saliendo  del  cuarto  del  fondo  ) 

Fed.  (a  ¿odos.) 

¡Vuestro  Príncipe!  (Todos  saludan  ) 

Bug.         ¡Señor!..!  Perdón  os  pedimos! 
La  causa  de  este  alboroto 
al  punto  voy  á  deciros. 

A  esta  doncella  Sencilla,  (Señalando  á  Margarita  " 

que  más  pura  que  el  armiño 
sin  mancha  su  nombre  ostenta, 
un  seductor  atrevido 
quiso  sorprender,  entrando 
en  su  estancia. 
Von  (Pues  de  fijo 

que  era  el  Cid.  No  hay  más  remedio. 


—  38  — 


¡Si  vengo  yo,  nos  lucimos!) 

(Alberto  habla  en  voz  baja  con  Federico  durante  el 
aparte  anterior.) 

Fed.  ¿Y  dónde  está  el  criminal, 

para  aplicarle  el  castigo? 

MARG.  Huyó.  Pero  yo  Sospecho.  (Mirando  á  Von  Brun.) 

Von  (¿Me  mira?  ¿Si  habrá  creído?...) 

Bug.  Sorprender  á  una  doncella 

es  un  horrible  delito, 

y  la  ley  que  represento 

manda...  (ai  Príncipe.)  con  vuestro  permiso, 

que  la  prueba  de  las  varas 

se  verifique  ahora  mismo, 

y  así  sabremos  quién  es 

ese  seductor  indigno. 
Alb.         ¡Justo!  (a  Federico.)  ¿Qué  varas  son  esas? 
Fed.  ¡Calla,  vamos  á  reirnosl 

Bug.         Que  se  cierre  la  posada. 

No  hay  salida. 
Luc.  (¡Vive  Cristo!) 

Bug.         ¡Las  varas! 

(Los  escopeteros  sacan  unas  varas  de  fresno  verdes, 
todas  iguales.) 

Luc.  (¡Una  paliza 

me  van  á  pegar,  Dios  mío!) 
Maese       ¡Ahora  se  sabrá  quién  es! 
Marg.       (¡Cómo  disimula  el  pillo! 

Mas  las  varas  hablarán!) 

(Durante  esto  el  Burgomaestro  reparte  las  vara»  á  to- 
dos los  hombres.) 

Isab.         ¿Las  varas?  ¡Pues  no  adivino!... 
Bug.         Príncipe,  tomad  la  vuestra, 

y  perdonad...  (a  Alberto.) 
Alb.  Yo  la  admito. 

Bug.         La  ley  debe  ser  igual 

para  todos,  (ai  pueblo.)  Ya  habréis  visto 

que  las  varas  son  iguales; 

podéis  probar  lo  que  digo 

midiéndolas... 
Von  ¡Bien  estál 

Bug.         La  vara  del  que  haya  sido 

el  culpable,  crecerá 

tres  dedos. 
Luc.  (¡Válgame  Cristo!) 


-  39  — 


Bug.         Nunca  ha  fallado  esta  prueba, 
al  perseguir  un  delito. 

Música 

¡Que  va  á  crecer, 
que  atrocidad! 
Lo  dice  así 
la  autoridad. 
¿Será  verdad? 
Será  verdad. 
Presto  lo  sabremos, 
presto  se  verá, 
i    [Vaya  una  costumbre  rara, 
]    esto  broma  debe  ser! 
i    ¿Cómo  ha  de  crecer  la  vara? 
f  No  puede  ser. 

/    (¡Que  esta  vara  crece  y  mengua 
\    dice  aquí  la  autoridad! 
j    ¡Pues,  señor,  yo  no  le  noto, 
f  la  elasticidad!) 

(¿Cómo  niego  que  yo  he  sido, 
sin  querer,  el  seductor?) 
(Lo  sabrán  en  cuanto  noten 
que  me  creció.) 
Esto  de  la  vara 
es  cosa  muy  rara, 
una...  dos...  y  tres, 

(Midiendo  las  varas  á  palmos.) 

esta  es  la  medida 
antes  de  crecer. 
¿Crecerá,  no  crecerá? 
Vaya  usté  á  saber. 
Esto  de  la  vara,  etc. 

¡Que  la  vara  crece  y  mengua, 

qué  barbaridad! 
¡Pues,  señor,  yo  no  le  noto 
la  elasticidad! 
¡Qué  barbaridad! 

Hablado 

Luc.  (¡No  hay  remedio!  ¡Lo  averiguan! 

¡Yo  voy  á  pedir  auxilio!) 

(Acercándose  á  Von  Brun.) 


Todos 


Isab. 
Fed. 
Alb. 

Maese 
Von 

Luc. 


Partes 


Todos 


—  40  — 


¡Esta  crece,  caballero!... 
Von  ¿Qué  decís?  ¿Por  qué? 

Lúa  Yo  he  sido, 

sin  intención,  se  lo  juro. 
Von  (Este  cayó  en  el  garlito 

que  para  mi  preparaban.) 
Luc.         ¿Qué  hago  yo? 
Von  Pues  muy  sencillo. 

Dicen  que  crece  tres  dedos, 

pues  córtale  tres  y  listo. 
Luc.  Tenéis  razón.  (Yo  la  corto 

y  Salgo  del  Compromiso.)  (Corta  la  vara.) 

Burg.        ¡A  ver,  las  varas  aquí! 
Alb.  ¡Ahí  vá  la  mía! 

BuRG.  (Midiéndola  con  la  suya.) 

¡Lo  mismo! 

Fed.  ¡Tomad! 

Von  ¡La  mía! 

Burg.  Es  igual. 

Luc.  ¡La  mía! 

Burg.  Pues  éste  ha  sido...  (sorpresa  «n  todos. 

Marg.  ¿Cómo? 

Maese  ¿Qué  es  eso? 

Luc.  ¿Por  qué? 

Burg.        El  asunto  es  muy  sencillo. 

Como  las  varas  no  crecen, 

por  más  que  yo  lo  haya  dicho, 

el  que  tiene  la  conciencia 

manchada  por  el  delito, 

por  si  acaso  crece,  corta, 

y  así  al  que  fué  descubrimos. 
Marg.       ¡No  puede  ser! 
Luc.  ¡No,  señor! 

Marg.       ¡Este  caballero  ha  sido! 
Von  ¿Yo?  ¡Ni  que  estuviera  loco! 

Fed.  (El  asunto  marcha,  chico;  (a  Alberto.) 

¡vences  en  toda  la  línea!) 

Con  el  Príncipe  y  conmigo 

ha  estado  ese  caballero. 
Burg.        Discusiones  no  permito. 

¡La  ley.  está  terminante!... 
Luc.  Yo  corté,  porque  me  dijo 

el  señor  que  la  cortara. 
Von  Silencio,  mañana  mismo 


—  41  — 


os  casáis  con  Margarita. 

Marg.        ¡Ay,  muchas  gracias,  Dios  mío! 

(¡Es  guapo  y  rico!)  ¡Que  vengan 
en  seguida  á  bendecirnosl... 

Luc.  (¡Con  una  vieja!  ..  ¡Qué  horror!) 

Ff,D.  (Cogiendo  á  Isabel.) 

Isabel,  este  es  tu  sitio.  VA1  lado  de  Alberto.) 

El  Príncipe  por  esposa 

á  esta  joven  ha  elegido. 

¡Saludad  á  la  Princesa!  (Todos  saludan.) 
Maese       ¡Ya  soy  suegro  serenísimo! . . . 
Burg.        ¡Vivan  los  Príncipes! 
Todos  ¡Vivan!... 
Isab.         (¿Pero  eres  Príncipe,  dilo?...)  (a  Alberto.) 
Alb.  Lo  soy  de  mentirijillas, 

y  por  serlo  he  conseguido 

llamarte  al  fin  mi  mujer. 
Isab.         ¿Sí?  Pues  me  alegro  muchísimo 

y  te  querré  mucho  más. 

(¡Ay,  qué  chasco,  Dios  bendito, 

que  se  va  á  llevar  mi  padre!) 
Alb.  Ya  soy  feliz,  Federico... 

Tus  brazos. 

FED.  Aquí  los  tienes.  (Se  abrazan.) 

Así  se  porta  un  amigo... 
música 

Isab.  ¡Brindemos  por  la  gloria  (a  Alberto.) 

de  nuestro  protector!... 

Y  reine  por  do  quier  (a  todos.) 

la  dicha  y  el  amor. 
Todos  Y  reine  por  do  quier 

la  dicha  y  el  amor. 


TELÓN 


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J 


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